Yo había vuelto al país en 1986. Vi campeón al manya del Uruguayo 86, en el estadio, cuando Carrasco erró aquel mano a mano al final. Lo vi campeón de América, en el 87. Pero después vino una seguidilla de campeonatos ganados por cuadros chicos. Ya iban 6 años de sequía cuando se trae a Gregorio, pero sobretodo se trae a un jugador paticorto, desde Gimnasia, que había jugado 5 años en el Sevilla. Ese jugador, entró a la cancha aquel partido que empatamos 0 a 0 con Defensor y Gregorio, cual Nostradamus positivo profetizó que los silbidos se iban a convertir en aplausos... los aplausos vinieron, y vinieron los campeonatos y los clásicos ganados. Y en todo ello estaba ese jugador.
Pablo se cansó de hacerle goles a Nacional, Seré, Nicola, Escames, soñaban con él.. Les hacía goles siempre. Con la salvedad que no era el centrodelantero, era un volante, de lento recorrido, que parecía cansado siempre, pero que era el mas claro dentro de una cancha en aquellos años. No soy de tener ídolos, soy hincha de Peñarol. Pero este tipo me podía. Y lo defendía en lugares inapropiados, enfrentando riesgos que no medía... Una tarde, o noche, no recuerdo, jugaban Uruguay Perú una eliminatoria y tres bolsos, evidentemente, se cansaron de putearlo cada vez que tocaba la pelota, "corré!!, largala!!, sacalo!!!" acompañado de algún insulto, era todo lo que decían. Estaban atrás mío en la Amsterdam. Promediando el segundo tiempo, tiro libre, le pega Pablo, al ángulo. Lo grité apenas, por inercia, y me di vuelta y los señalaba a los tres y les decía que no lo gritaran. Ellos se miraban y amagaban gritarlo, y yo les decía "hijo de puta, no lo grites!!". Decidieron irse mas arriba en la Amsterdam. Pobres, tendría que haber sido contemplativo con ellos. Años hacía que lo venían sufriendo, semana tras semana, clásico tras clásico.. y yo no dejé que gritaran un gol de él..
Hoy Pablo entró al Palacio a firmar y será el nuevo técnico de Peñarol. Nos agarra como en el 93, mal, sufriendo. Ojalá sea premonitorio y termine esto con un ciclo de alegrías. El hecho de ser manyas y que él sea Pablo a veces nos enceguece.. la verdad que no tiene mucha experiencia y la que tiene no es para hacerse mucha ilusión. Pero no sé por qué imagino un final feliz. Si le tenemos paciencia a este riverense, paticorto, lento, pausado, que me hizo emocionar y gritar cientos de veces y todavía mis hijos se bancan que los siente frente a la computadora y les muestre aquellos partidos, donde su padre, en la tribuna volvía afónico a casa, gracias a este tipo que hoy entró de nuevo al Palacio...

